27 dic. 2019

Fuimos nada

diciembre 27, 2019 0

¿Sabes? Yo no te hubiera dejado nunca, nunca. Lo sé, la amas, yo no puedo decir que te amo. No tengo certeza de nada, sólo sé que te extraño, que extraño el nada que fuiste, lo que me imaginé, lo que quería, lo que pensé. ¿No me quisiste? no, era ella y no hubo espacio para mi. O para ser ella, o para ser nosotros, o para ser algo. Yo no tenía mucho que darte, yo no tenía nada que darte, sólo me tenía a mi... eso nunca fue suficiente.
Te extraño. Extraño el nada que somos, pero que pudimos ser. Extraño eso.
Así son las cosas. Tuviste miedo, tuve miedo, tenemos miedo. Tal vez ni eso. Tal vez soy un espacio accesorio para transitar, un espacio blanco que no existe.

No somos, no fuimos, no seremos.

Te escribo para que no me leas, te escribo porque se me desdoble el alma y no te hable de frente, no quiero escribir. Pero escribo. Escribo.

Sigo viendote en mi ahora. Claro, nunca te lo confesé.  Siques en mi cuerpo, en el perfil delineado por los arbotantes. Pero no estás. Nunca estviste. Fue todo mio. Mio. Nada. Adiós.


19 dic. 2019

Falsas esperanzas

diciembre 19, 2019 0



Hoy no duermo porque pienso en ti. Porque tu cuerpo me llena con su ausencia y prefiero experimentarte así, que dejarte ir por completo. Sí, ahora eres tú, mañana serás otro, pero para mí serás el único. Me repito, sí. Te repites, sí. Pero siempre agrego nuevos detalles a la construcción de esta masa informe a la que llamo amor. Amor, enamoramiento, no es lo mismo; mientras uno cae en el tedio de la costumbre, el otro se rellena de continuo, de energía, de explotar y sufrir, de ser en el momento presente.Tú eres el otro. 

Hoy no duermo porque pienso en ti. Porque tu cuerpo me rellena como el aire a los pulmones, como la luz a los ojos, como la vida al muerto. Sí, sufro por ti y de ti, pero comprendo que esto siempre es una apuesta unidimensional, una apuesta de mi para ti, sin espera de respuesta.

Me imagino marcando en uno de esos teléfonos de baquelita que ahora nadie conoce. Pico un número y lo deslizo hasta el tope, sigo, otro número y así hasta completar diez. Diez números que averigüé sólo de memoria y de intuición. Entonces suena el primer bip, el segundo, el tercero, la desesperación. Alguien levanta la bocina, me suena el pecho, con tu recuerdo amenazando romperme el esternón. Yo comienzo a presentarme, a mostrarte un par de bromas armadas, a buscar algo interesante que decir. Te pregunto sobre tus filósofos favoritos, te digo que me gusta el café cargado, las relaciones no comprometidas, el Bosco. Oigo que respiras y no cuelgas. Sigo con lo mío; enlisto las películas que cambiaron mi vida, te hablo de los escritores del sur, trato de decirte que si te quedas conmigo puedo abandonar el mundo para seguirte los pasos, aunque no sé si te gustan los huevos revueltos o estrellados. Tu respiras del otro lado, sigues con la bocina entre tus manos. Me esfuerzo, te compongo una canción, te prometo abrazarte todas las noches. Sonrío. Cuelgas. 

No dijiste nada. 

No dices nada. 

No dirás nada.

Lo peor: sé que no era un número equivocado.

8 may. 2019

Un breve: que te vas

mayo 08, 2019 0



El Abandono se ha convertido en una segunda naturaleza de mi propia piel. Me pongo la camisa del Abandono, me calzo sus zapatos y me entrego a sus actividades diarias. Soy él, o ella si caemos en la tentación de la redundancia del nuevo sexismo; soy eso. Me miro al espejo, aparece la cara del Abandono, con todas sus marcas y sus dolencias, con la arruga del entrecejo y los labios caídos en las comisuras. Le peino el cabello y le reconozco, nos estábamos esperando.  El Abandono toma su sitio en el mundo, se perfuma y se va. 

Todos me miran de reojo para no chocar conmigo, para no sentir que han tocado su propia fatalidad. Porque es así, aunque los paseantes me esquiven y los trabajantes se olviden de mi por un instante: todos van a cruzarse por mi camino, todos van a llevar mis zapatos, todos van  mirar cómo se para el reloj entre segundos desesperados, para después dar un salto mortal y caer unos años adelante en una frase -tanto tiempo ya, tanto tiempo perdido.  

Camino, camino, camino, he dejado de encontrar personas y he dejado de pisar sitios. Está claro, aquí siempre es aquí, porque la geografía sólo es una ventana que cambia de colores. Camino y musito por las calles: soy el Abandono, soy el que se va todo el tiempo, soy el que se queda para siempre, soy el que permanece y el que se disipa y el que no muere y el que no vuelve. 

Todos me encuentran y a todos encuentro, para seguir de nuevo, pisando llanos y planos y subidas y bajadas. Tú me encontraste ese día en una cafetería astrosa que servía desayunos baratos. Yo tomé dos cafés y tú tomaste cerveza, luego yo cerveza, luego tu también. Se me desdibuja tu cara y tu nombre. Espero que a ti te pase lo mismo. Soy el Abandono, salí a tu encuentro sin saberlo bien a bien. Aun así el tiempo se hizo corto en la espera y más corto contigo.  Hubo una pausa, un obscuro que no posee ningún detalle en mi memoria. Luego decidiste tomar la camisa y los zapatos y el sombrero que yo había dejado sobre la silla y supe que quien salía por la puerta ya tampoco eras tú, era él, o ella o eso: el Abandono.

24 ago. 2018

El misterio de la profesora de aeróbics- Parte 2: El caso resuelto

agosto 24, 2018 0



Esta es la parte II del relato "El misterio de la profesora de aeróbics"

El misterio de las asistentes que no consiguieron adelgazar después de 15 años de sesiones aeróbicas queda resuelto de la siguiente manera:

Los aerobics, a pesar de su condición suda-la-grasa-acumulada-en-treinta-años-de-comer-lo-que-quisiste, resultaron no ser efectivos contra el exceso de productos en bolsita, cajita y blíster (llámense papitas, churritos, chochitos, paletas, pasteles o litros de yogurt light). Una verdadera desgracia para las alumnas destacadas y asiduas. Un misterio menos para nuestros días de insomnio.  

El misterio de la profesora de aeróbics sorda queda resuelto de la siguiente manera: 

Las ondas sonoras se mueven por el aire, impactando las orbitas de electrones contenidas en los átomos pertenecientes a la profesora. Es así que el electrón, al ser modificada su órbita, vibra al compás de cada impacto, creando el conocido efecto denominado “reacción en cadena”. Dicho fenómeno obloga a los electrones del átomo familiar, a tintinear con la misma cadencia.

A nivel célular, el estremecimiento se magnifica, debido a una gelatinosa consistencia. Es entonces cuando este oleaje resonante se impacta en  arrecifes mitocondriales, alcanzando también las costas de las paredes celulares. No es de sorprender que dichos mares intra-celulares, creen embravecidas tormentas, donde se verán naufragar embarcaciones cromosómicas: hundidas, disparadas por los aires y vueltas a sumergir. 

La susodicha profesora se ve poseída por tales estremecimientos en todos los órganos de su cuerpo viviente (las acumulaciones de queratina, como el cabello o uñas, no sufren alteración alguna). Tormentas entremetidas en los diferentes sistemas, pero principalmente el periférico (llámese piel),  la obligan a contonearse enfundada en sus mallas de lycra al ritmo de cualquier canción de reggeton. 

Como un adicional para aquellos que aún no estén de acuerdo con esta teoría: es posible observar directamente, sin ayuda de ningún dispositivo de medición adicional, la prueba de las tormentas celulares, baste acercarse para notar la humedad y el gusto salino que impregna el cuerpo de la profesora al terminar cada sesión. 

El misterio de cómo se mantenía Titán como un perro funcional a pesar de perder la audición gracias a los ritmos latinos queda resuelto de la siguiente manera:

En el “Atlas de los perros” se hace referencia a lo siguiente: Los perros poseen otros sentidos de orientación desarrollados, como el olfato, la percepción espacial y el don de la telepatía (sólo dos de estos sentidos son ciertos como todos lo saben, a los del “Atlas de los perros” les encantan las bromas caninas).